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Comunicación asertiva

Decir lo que piensas sin guerra y sin rendirte

Ni callar ni explotar: el territorio que nadie te enseñó

La mayoría de personas aprenden dos formas de comunicarse en situaciones difíciles: callar (pasividad) o atacar (agresividad). La asertividad es el territorio intermedio que, paradójicamente, casi nadie enseña de forma sistemática.

La comunicación asertiva es la capacidad de expresar pensamientos, sentimientos y necesidades de forma directa, honesta y respetuosa, sin violar los derechos propios ni los ajenos. No es agresividad disfrazada de honestidad ("te digo lo que pienso sin filtros"). No es tampoco la diplomacia excesiva que diluye el mensaje hasta hacerlo irreconocible.

El espectro de los estilos comunicativos

Los investigadores Robert Alberti y Michael Emmons describieron tres estilos en su clásico trabajo sobre asertividad:

  • Pasivo: evitar el conflicto a cualquier coste. No expresar necesidades. Ceder cuando no se quiere ceder. Resultado: resentimiento acumulado, relaciones donde el otro nunca sabe realmente qué quieres.
  • Agresivo: expresar las propias necesidades sin considerar las del otro. Atacar, criticar, interrumpir. Resultado: victorias a corto plazo, erosión de la confianza a largo plazo.
  • Pasivo-agresivo: aparente sumisión con sabotaje encubierto. No decir lo que se piensa directamente, pero actuar de formas que transmiten el mensaje indirectamente. Es quizás el más corrosivo de los tres.
  • Asertivo: expresión directa, honesta y respetuosa. Resultado: relaciones con más confianza, menos resentimiento y más posibilidades de resolución real.

El vocabulario emocional como base

Una de las barreras más comunes para la comunicación asertiva es la pobreza del vocabulario emocional. Muchas personas identifican solo tres o cuatro emociones con nombre (bien, mal, cansado, enfadado) y no pueden decir lo que sienten con la precisión necesaria para comunicarlo.

Marc Brackett, investigador de la inteligencia emocional en Yale, llama a esto granularidad emocional: la capacidad de distinguir entre ansiedad y decepción, entre tristeza y frustración, entre culpa y vergüenza. A mayor granularidad, mayor capacidad de comunicar y de regular las propias emociones.

Lo que no puedes nombrar no puedes comunicar. Y lo que no puedes comunicar, lo actúas.

El modelo DESC

Una estructura práctica para situaciones difíciles:

  • D — Describe la situación de forma objetiva (sin interpretar ni acusar).
  • E — Expresa cómo te afecta (en primera persona: "yo siento", no "tú me haces").
  • S — Especifica qué necesitas o qué cambio pides.
  • C — Consecuencias: qué ganarán ambas partes si el cambio ocurre (o qué pasará si no).

Este modelo no es una fórmula mágica, pero ofrece una estructura que reduce la emotividad del momento y aumenta la probabilidad de ser escuchado.

Los derechos asertivos

La asertividad tiene una base filosófica que a menudo se olvida: la creencia real en que tienes derecho a tener necesidades, a expresarlas y a que se tomen en serio. Sin esa creencia de fondo, la técnica comunicativa no funciona porque el cuerpo la traiciona.

Algunos de los derechos asertivos que merece la pena recordar: - Derecho a decir no sin justificación extensa. - Derecho a cambiar de opinión. - Derecho a no saber la respuesta en este momento. - Derecho a pedir lo que necesitas aunque no estés seguro de conseguirlo. - Derecho a cometer errores sin que eso te convierta en una mala persona.

Practicar la asertividad

La asertividad es una habilidad que se entrena, no un rasgo de personalidad fijo. Se practica en situaciones de baja intensidad antes de usarla en las de alta. Empieza por devolver algo que no pediste en una tienda, por expresar una preferencia cuando alguien te pregunta dónde quieres comer, por decir "no puedo ahora" sin añadir cinco excusas. El músculo se construye en los detalles cotidianos.

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